Arenas de Oro

An interpretation, not a translation
(because translation is never poetry)
Ella le entregó a su pequeño hijo el galón de agua.
Bebe, le aconsejó. Pero solo un poco. Tenemos que caminar mucho más
antes de llegar al santuario.
A través de la bruma el sol ardiente la quemaba; ese perro en llamas
le hacía arder su cuerpo, forzándola a soltar el agarre de la niña que llevaba a su cadera,
el otro sujetando su mano: mami, estoy cansado ...
Los hombres, adelante, miraban a los tres, ariscos,
amenazando con dejarlos atrás en el polvo ceniciento.
Las arenas se convertían en oro, pero quemaban muescas 
de su propia muerte, implacables, impresas ardientemente sin corazón,
teniendo como rehén a su miserable desesperanza.
Sin embargo, ella tambaleaba, pensando en su hijo, su niña envuelta en un cabestrillo hecho en casa,
ciega a esos hombres que se escabullaban sin ella.
Tenía que soñar solo con ese paraíso del Edén, su edificio en oro, su libertad ¿fingida?
Being an academic not paid enough for her trouble, Ana M. Fores Tamayo wanted instead to do something that mattered: work with asylum seekers. She advocates for marginalized refugee families from Mexico and Central America. 
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