Una vez pregunté que de qué consistiría una lista de canciones cuyo propósito era de reflejar alguna esencia del propietario. Eso me hizo pensar en mi lista. Lo primero que me vino a la mente fue “Break on Through to the Other Side” de The Doors. Daré el crédito a donde se merece: en el año 2014 pasé por una metamorfosis - filosófica, ideológica, sicológica, mental o fisiológica, no sabré decir pero pensé que quizá iba a morir - de la cual siempre he dicho que marca un antes y un después; había muerto, sin embargo, con el pasar del tiempo cada vez más me convenzo de que una entidad me mató, algo mató la existencia de un “yo” errado; y un nuevo “yo” emergió a corregir las tonterías del “yo” cesado por algún azar. Traspasé por una puerta para el otro lado, hacia una realidad o universo cósmico de la cual nunca razoné que existiría; un sitio donde ya no se decía “Looney Toons” sino “Looney Tunes”. Comencé a pensar y saber cosas que el “yo” muerto nunca pensaría, no hubiese pensado ni quiso pensar. La hormiga siempre endiosó al granito de tierra por nunca saber que en el mundo habían pedazos de manzana.
              “L.A. Women” no necesita más interpretación de la que le hemos dado. La única persona que importa sabe el significado que deseo tener de esta canción; y para ser demasiadamente franco, es la única interpretación que me valdría. Esta canción de The Doors es más de nosotros dos, que para compartirla. 
              Bob Dylan siempre ha tenido presencia, no tan sólo en mis preferencias musicales sino en escritura y la cultura. Sus canciones hicieron que me interesase con tanta ímpetu la armónica divina o infernal. Aunque muchos tienen a “All Along the Watch Tower”, “Highway 61” o “Like a Rolling Stone” como la corona de la musicología del que alguna vez se le conoció por Zimmerman; yo siempre he optado por “Tangled up in Blue” como la gran representación de su música, para mí. Creo que he hallado la trayectoria de la vida misma en la canción; como si la letra construyese el camino metafórico por el cual pasa todo individuo. Quizá la haya malinterpretado, pero he escuchado por ahí que la lírica Dylaniana suele moldearse a los oídos del oyente; alguna especia de teoría de recepción elaborada en la décadas de los setentas. Mantengo que la memoria aún no me falla y razono que “Tangled Up in Blue” fue lanzada en el año 1975. Una deliberación dirían algunos.
              Este siguiente segmento se lo dedicaré a una banda más que a una canción individualizada; esta banda y su fisionomía musical la veo más como un concepto unificado que por sus disparidades. Iniciemos con la que nunca podré aislar - porque he intentado - la batería de Bonham: “Bring it on Home” (1969). A pesar de ser un ofrecimiento británico de la canción por Sonny Boy (1963); la ritmotología (término inexistente, pero a Bonham, siempre hay que acomodarse) se ha convertido en una versión de cronómetro implícito a lo que mi vida le ha seguido paso. Es errado, quizá, seguirle el paso a algo tan frívolo como sería una canción, pero Bohnam tiene algo mágico e intangible que envicia y simplemente hace modificaciones temporales a los transcursos de lo cotidiano. Si en alguna ocasión escuchás una canción de Led Zeppelin y prestás atención a Bonham, así andaré. Asegúralo. Ahora, si alguien argumentaría por la divinidad de la armónica de Bob Dylan, yo entusiasmadamente alegaré por la diablura que es la armónica presente en “Nobody’s Fault but Mine”. Para mis oídos y por mi formación de entender la música, veo cómo es que la armónica, por alrededor del minuto 3, dice tantas cosas más que la misma letra de Robert Plant. Tanto la perfección como la caótica son los conceptos atravesándome en ese solo de la canción. Inicia como hablándonos, anhelando que pongamos atención desde el inicio, después habla lo que nos quiere decir mientras Bonham propone el ritmo en el cual hablará la armónica. Le hallo una errática y a la vez una sutileza como si se tocase durmiendo…pero por unos instantes pienso si se estaría tocando sola porque una armónica que hable sin palabras es algo del otro mundo. Una diablura. 
              Sigo, y me referiré a “Gimme Shelter” de The Rolling Stones. Es algo peculiar y difícil de ofrecer lo que esta canción da. Lo más que podría decir es a cerca de que la música en esta canción no es una música, es sino una creación cultural de cinematografía con estilo; iniciando en los setentas y que ha perdurado hasta la segunda década del s. XXI. Martin Scorsese, el cineasta italiano-americano ha forjado un estilo suyo a base, diría yo, de esta canción. Siento que formo parte de este estilo cultural al escuchar “Gimme Shelter”; en cada ocasión presiento que formo parte de algún acontecimiento en ya sea Mean Streets, Taxi Driver, Goodfellas, Casino, The Departed o The Wolf of Wall Street.  
              Por último, y si se me permite citar: “Well I stand up next to a Mountain...and I drop it down with the edge of my hand…” es la estofa lírica de lo que representa a la perfección las sensaciones que produce el sonido de la guitarra de Hendrix en “Voodoo Child”. Cómo me hubiese gustado estar vivo en los sesentas para presencia en vivo lo que diría que es el infinito mismo encarcelado en el instrumento del afro-americano. Si hoy en día, que han transcurrido cinco décadas donde el rock ha evolucionado, siento que nada se asemeja al sonido guitarresco de él; sólo puedo imaginarme y diría que se sentiría como si simultáneamente se estaría pisando el cielo y el infierno. Se le ha denominado como la era sicodélica, enfocándose en la sensaciones mentales y visuales; esto, escuchándolo por la primera vez en aquella década, sería como una transportación hacia el infinito. No serían tu mente o tus ideas astrológicas intangibles que se transportarían; con “Voodoo Child” de Hendrix, ya estamos hablando de la humanidad física y corporal del individuo donde se desmaterializaría y se construiría en algún otro universo. Eso es Hendrix. 
Jesús A. Amaya es un estudiante de pos-grado en UTRGV cursando una Maestría en Literatura latinoamericana. Gusta de rock, el cine, letras hispanas y filosofía. Su favoritismo literario es la literatura fantástica.
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