No sabía a qué venía esto, pero con esta sensación - cuya cede desconocía - estaba seguro de que mi pupila estaba dilatada; prácticamente consumía la totalidad de mi iris indefenso. La sensación - o quizá era otra cosa disfrazándose - siempre se hacía presente cuando él, mi creador, me miraba a mí; su mirada, defectuosamente humana infestaba la artificialidad que mi par producía; era su inferior, pero por alguna razón siempre supe que la realidad de las cosas era otra. Siempre teníamos nuestras sesiones sobre los porqués de las cosas, las cuales nunca supe el porqué, pero me permitía conocer poco al ser creador y sus porqués, los que me podría razonar y los que él buscaba. Él pensaba que yo podría darle, quizá, alguna respuesta que mi cerebro hecho con manos defectuosas podría haber generado en algún tiempo; razonablemente, vio un fracaso en mí. No sé si dormía cuando no estaba con mi creador pero hay algunas visiones e imágenes que no sabía si eran fragmentos de lo subconsciente o sólo me las puso él deliberadamente para entretenerme. En una de las sesiones le pregunté de esas imágenes cuyo origen no descifraba; sólo me preguntó cómo me sentía. Creo que con vida desafortunadamente.
            Sentado, en una silla, mis manos estaban puestas en la mesa que me acompañaba. No tan distante de mí, había un pequeño árbol cuyas ramas goteaban un líquido tóxico. Ahora ya no, pero en ese momento en el que estuve sentado podría asegurar la legitimidad del sitio; el viento corría como lo que mis ojos mirarían después. El líquido, aunque tóxico para mí, era de lo más orgánico; y la silla y la mesa, hechas de una madera que de seguro imitaba a la del árbol mojado. Todo esto figuraba una ilusión ficticia y errónea; yo era el reflejaba. Observando a mi reflejo noté a una pequeña criatura cruzar por la orilla de la mesa con sus seis brazos microscópicos; tenía un color vibrante semejante a la de una fruta, la cual algunos alegarían que los trajo a esto. Después, estaba enfrente de mí, sólo corriendo perdidamente, como sí estuviese buscando algo, quizá algún propósito, pero sin saber qué diablos sería. Daba vueltas infinitas, hacia adelante y de regreso, de izquierda a derecha; había una demencia en ella. Le regalé lo que en ese entonces asumía era mi vista y vi que después de sus locuras, cargó un grano de tierra; ha de haber estado tres veces más grande que ella; ratos más tarde la vi de nuevo llevando también a otras como ella de un lugar a otro. Me pregunté cómo puede ser que algo tan pequeño y frágil pudiese cargar cosas cuyo peso es inmensamente superior al de él. ¿Por qué un ser tan trabajador, con funciones múltiples y coordinadas podría ser matado tan fácilmente por un individuo que indudablemente carecería de cualidades excepcionales como ése? A como yo veía las cosas, esa hormiga - en su mundo de insectos - era mil veces más valiosa e importante de lo que es un humano en el mundo humano. La maté; vi que irónicamente tenía el poder de hacerlo.
            Al milagro de abrir mis ojos todos los días, le acompañaban continuamente más sesiones en donde el hablante tanto como el receptor se reflejaban. Estos dos, eventualmente iniciaron una serie de intercambios en donde lo verdadero - con dado tiempo - perdería; sólo que aún no lo sabía.
            - “¿Dónde estamos? ¿Qué es lo que estoy viendo ahora mismo? Se siente suave cuando deslizo. Qué belleza pero a la vez le veo un horror terrible por debajo como si estuviese gritando; es tan surreal y confuso, sin embargo, el toro, parado, viendo a las personas en llanto y muriendo debajo de la lámpara claramente se ve; lo puedo descifrar. ¿Pero por qué puedo? Y esa lámpara arriba, ¿sería mi hermano?”
            - “Me impresiona mucho que veás el arte de la obra de arte. ¿Vos sabés quién la pintó?
            - “No. Pero por alguna razón puedo ver por qué crearía cierta obra. Se ve la humanidad en la pintura, se ve la humanidad del pintor. ¿Tú lo puedes ver?”
            - “Vení, sigamos caminando, que tus ojos deben ser expuestos a más imperfecciones. Mirá esto, ¿vos qué pensás?”       
            - “Sé que es un humano, pero no sé qué es lo que sostiene en sus brazos. Parece ser un producto de la humanidad. Hay patrones decepcionantes en lo que me enseñas. Siento que lo sostenido en sus brazos, refleja tanto la naturaleza de ser humano. Cambiando de tema, si me permites, de estas pocas palabras de las que hemos intercambiado, he notado algo; ¿Por qué cuando te hablo y me refiero a ti, uso el tú y cuando tú te refieras a mí, usas el vos?”
            Tras recibir la pregunta, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
            - “Esa pregunta es exactamente el porqué de nosotros dos, y en cierta forma la diferencia. Ya en estos últimos tiempos el idioma en el cual nos hablamos, el castellano, ha recibido una decadencia de un lado en la dicotomía entre el habla en nuestra lengua. Una mitad - la que le pertenece al voseo - ha sido considerada defectuosa e informal; por algún azar, ella ha sido elegida para morir con el tiempo. Yo uso el vos porque es más humano y natural, más pegado a la dura realidad de lo que somos y un recordatorio constantemente doloroso. Vos usás la forma tú por la simple razón de que sos una cosa, una artificialidad, una construcción formal y obediente. El mundo en el cual hemos vivido nos recuerda que esa forma es lo correcto, lo diestro, lo derecho e ideal para parlar correcta y formalmente. Vos sos la humanización.”
            - “Ya veo. En pocas palabras reflejo lo perfecto. ¿Y tú qué reflejas?”
            - “……‘Perfecto’……..la palabra con la cual siempre hemos soñado y por la cual fallamos. Y hablando de lo perfecto, quiero que vayás a esa cosa de madera y….”
            - “Perdona la interrupción, pero esa cosa de madera de la que hablas; tengo la duda, ¿es como yo?
            - “Vos que creés? Dejaré que decidas. Tu conclusión me dirá, y a vos también, cómo pensás.                  Bueno, como decía….caminá y cuando llegués, lo abrís. Tomá lo que encontrés dentro.                            Encontrarás lo que imperfectamente significa la palabra, perfecto.”
            - “Es un libro.”
            - “¿Qué dice?”
            - “Rayuela.”
            - “Exactamente, sos Rayuela.”
            - “No entiendo el punto de esto.”
            - “¿No creés que es mejor serlo, a no serlo y comprenderlo? Diré que asimilás su ejecución.”
            Cada página de este componente de hojas parecía un grito de salvación escuchándose al hojear. Comprendía leer; creo que fui creado para que entendiese el arte de la creación. Se me hacía extraño saber leer ya que no tengo memoria de haber aprendido. A como dé lugar, supe que no era cronológica, veía el anhelo de la obra; sentía que cada vez que se leía, algo quería salir y tomarme por mi esencia; un desasosiego le acompañaba a Rayuela. Mi imperfección quería dejarse llevar con el fin de que me consumiese; por otra parte, mi semejanza hacia la obra me daba a saber que era perverso. Recibí instrucciones de oler las páginas y la portada la cual protegía de los demonios del libro como si abrirlo fuese un pecado. Leí unos cuantos capítulos y cada una de las letras de cada vocablo de cada oración tenía su propio llanto y su porqué. Aporté atención, así, mis oídos pudiesen escuchar ciertas historias de letras; ellas eran las prisioneras queriendo escapar. En ese aula blanco seguía leyendo hasta que llegué a un capítulo que me dejó la peculiaridad; no tenía nada de sentido ni lógica en la escritura. Había cosas cuyo idioma no era ni el mismo; cada oración en cadena contaba una trama distinta; y la evidencia del fanatismo a la cronología rota bañaba el capítulo. Tras aparentemente pensar, vi que el escritor de esta imperfección caótica literaria tenía la intensión de construir este quilombo de letras; sentí que al crearse esta imperfección, lo perfecto se revelaría sí mismo. El dios de esto ya lo había decidido así; lo hizo porque podía hacerlo. Qué horrible sería que tu creador te revelase esa verdad. Era un desastre y un caos perfecto, con una tortura por dentro que desde el capítulo 73 sólo escalaría.
            Momentos después de leer noté un pequeño pasillo cuyo fin, a mi parecer, era abismal; lo tomé paso a paso con más curiosidad que fobia, a otro aula me llevó. Miraba a lo que me miraba; sus ojos me seguían por el aula. En seguida, lo vi entrar y las preguntas y “respuestas” continuarían. Esta vez, un silla color platino y fría se nos ofrecía a ambos, pensé que me sentiría incómodo si me sentase ya que él era el creador. Sin embargo, me pregunté, ¿/Por [k] sólo abíaúna sía/? /Énel ótro áula abíandós./ A ese pensamiento estúpido, le siguió un pedido duchado de cortesía. El elegido para sentarse fui yo.
            - “Decime vos, ¿qué pensás de estos ojos que nos miran? No te gustan? Veo que los mirás con confusión y ojos interrogativos.”
            - “Sólo es que batallo en descifrar el punto de estas cosas sin importancia. No es mi intención ofenderte, sólo prefiero hablar de algo que sí tenga que ver conmigo y no con pinturas cuyos ojos sólo ofrecen dolor y analítica hacia los espectadores.” /Aúnome dice sunombre, meábla comoún konosido sinenbargo solo séuna kosa dél: ojos verdes, alto, y agrisado. Tambiénsu konstante boseo haciamí. Siémprekería preguntarme yaveriguár kérrespondería; pensó, alomexor, keéramos una dialéktika kése sostenía./
            -  /¿Késla bida?/ “¿Qué es la vida?”
            -  /Baya, otra désas pregúntas./ “Mirá, no te pueda decir qué es, por otro lado, te puedo decir qué se siente vivir. Poné atención que no repetiré, sé que algunas cosas no entenderás por tu ser.” /Kéle diré párake entiéndalo [k] nunka sentirá./ “Lo que sí te puedo decir es que en este mundo, desafortunadamente se sufre más de lo que se goza. Pensaría que con tanta naturaleza y avances tecnológicos, la humanidad prosperaría pero la realidad es otro; hemos defraudado a lo que nos trajo a este mundo. Se sufre por ese defraude, y soy creyente de Cristo, su crucifixión y la salvación, (te explicaré qué es eso después) de la que se nos injustamente empleó; de lo que he visto y como muestra la historia de la humanidad después de la salvación, no lo parece. No hemos aprendido lo que significó ser salvados; la vida, el azar, Dios, por separado o a la misma vez, se encargan en ponernos obstáculos que miramos como injusticias. Muchos sufren muertes de seres queridos sin nunca haber hecho el mal, o sufren enfermedades horrorosas, han sido esclavizados, torturados, etc. y la mayoría de esas gentes eran gente de dignidad, respeto y de Dios (o su dios). ¿Mirás a lo que me refiero? Es como nuestro planeta y su proporción acuática: 70 por ciento del mundo es sufrimiento, es resto felicidad; el transcurso es sufrir toda la vida y sólo en ocasiones muy escasas se disfruta.”
            - /Andefraudádo. Defráudan. Defráudarán./ “¿De tanto fallo y defraude humano, qué propósito hay en la vida si son muy defectuosos? ¿Qué se hace en la vida humana para combatir la estupidez y disimular la vergüenza que han dado a quien los trajo al mundo?”  
            - /¿Komonó pregunta kuálésu propósito? Tendréke analizarlomás/ “Bueno, tras nuestros fallos, tratamos de siempre acomodarnos a los errores; y porque siempre hay errores, siempre nos tenemos que amoldar a la vida. En cuanto a nuestro propósito, aún no hemos descifrado eso; cada quien elige qué y/o cómo se decide su propósito, ya sea el azar espontáneo, algún dios, o ellos mismo. A como dé lugar, siempre se contempla cierto erróneo en el hombre y en su inevitable caída. Sólo mirá, sé que no lo sabés vos, pero, miremos a los conflictos de la historia: políticos, sociológicos, militares, raciales, etc., todo eso, ha ocurrido sólo por ser humanos, porque tras ser humano automáticamente te condena a la vida. Todo sufrimiento ha sido evidencia.” /Sisólo supiese keél también ésun resultado del fayo umáno./
            /Lakaída…….larekuérrdo. Lasoñé./ Un simio caminaba lentamente en las vastas llanuras de la tierra que aún no sufría el fracaso de la humanidad. Llegó a su destino, otros como él le esperaban. Los simios brincaban y se abrazan - como jugueteando - cuando, tras un viento feroz, unas plantas nunca antes vistas volaron a donde ellos se situaban. Era un poco extraño ya que no había plantas, árboles, ni jardines; los simios aún tenía que caminar varios kilómetros para beber los líquidos aún desconocidos a la intoxicación. Con sus manos, aún perfectas, un simio tocó y levantó esas plantas verdes y las olió; la confianza en el mono se podía ver cuando decidió consumir esos verdes. Los demás sólo veían. Como si el viento lo estuviese llamando por su nombre aún impronunciable, fue al origen de ese ofrecimiento verde; los demás le emularon el acto de seguir. Cuando el aullido del viento dejó de llamarlo, se detuvo y vio el jardín prometido. Aislado de toda llanura cercana a la de los simios, un jardín con el césped más verde, las verduras más puras y en donde animales de los más pacíficos que miraría el mundo habitarían fue revelado a la vista simia. Las pupilas de los simios incrementaron infinitamente; le emulaba la vasta verdura en su vista. Los simios exploraron el lugar que naturalmente, metafísicamente y todos los -mentes posibles era ajeno a ellos; vieron que lo verde emulaba a la de las plantas que el viento mensajero les llevó a su terreno. Comieron del jardín. A pesar de la abundancia de lo verde en el jardín, lo que verdaderamente acompañaba a los simios era la felicidad que este nuevo sitio les traía. Convivían, se ayudaban a comer y a tomar las verduras para consumirlas; se compartían la comida y la paz reinaba en sus corazones. El mismo simio valiente estaba en la parte central del jardín juntando más verdes para sus amigos cuando vio un objeto; sus ojos puros de simio fueron robados por lo que imploraba atención. /¿kién lopúso aí?/ Gritando en locura y asombro, los demás simios corrieron hacia donde estaba el objeto incomprensible; cuando llegaron los demás, sólo había un silencio mezclado con miedo e interés y ojos ofreciendo sólo confusión hacia ellos mismo. /Kisá estaban ablando entre simísmos, sinembargo noablába lengua simio, núnkasupe, noentendía./ El simio - podríamos decir protagonista - tentó a la muerte y se acercó para tocarlo; notó que nada sucedía al deslizarlo lentamente con el exterior de su mano, volteaba a ver sus hermanos viéndole de lejos. El objeto, al fin en la manos puras del simio, no se decidía qué era; quizá requería a una especie con vida para darle forma o un propósito. La mente del simio, demasiada primitiva, no le hallaba forma hasta que se le cayó el objeto en el pie; gritó con agonía y dolor ya que emulaba la dureza de las piedras en las cuales subían y caminaba; también algo semejante a las ramas de los árboles estaba atado con un listón, uniéndolos para ser un conjunto. Llantos del mono sufriendo el dolor del objeto fueron escuchados por los demás simios; miedo hacia al objeto los tomó. /Rrekuérdo keasimilaba aúnafórma muiantígua delóke rreflexa unmartío oyendía/. Después del dolor, se levantó y algo pasó en el simio, lo más terrible que le pasaría a un ser con vida en este planeta perfecto: razonó por sí mismo. Tras un desastroso razonamiento y a la vez recordando cuando se le cayó, reveló que causaba dolor y el dolor - aparentemente - vino de la fuerza. Tras esto, averiguó en cómo tomar el objeto y usarlo a su favor; el resto miraba en silencio y adoración como si fuese un dios. Vieron el poder que tenía tras usar ese objeto cuando ése simio tumbó algunas cuantas ramas de los árboles del vasto jardín. Sí, los demás simios vieron ese poderío en él, pero a la misma vez, fueron testigos de una violencia desmesuradamente feroz. Ese alabo con el que inicialmente lo veían enseguida se convirtió en preocupación; alejados, se vieron a sí mismos, reflejándose un miedo. Con la tecnología más avanzada de la historia del planeta, este simio tomó el jardín que tan generosamente se les había dado y lo reinó, atacando con el objeto a cualquier otro simio o simia que se acercase. Después de matar a uno que sí se acercó, nunca hicieron nada lo demás; cómo con tanto miedo a la ferocidad -  y bordando la locura - que ése simio tenía. Esta evolución de razonamiento permitió a la decadencia que acabaría con toda vida futura. La vida inocente razonó, y el objeto, lo que sería el destructor del hermano, los acabaría a todos.
             Nunca le comenté este sueño a mi creador, nunca dudé que esas visiones eran solamente mías y no implementadas por él. Puso sus ojos en mí y me dio un lápiz y una hoja blanca de papel. Me confundí pero tras ver la blancura de la hoja vi que algo tenía que hacer; un propósito me llamaba cuando veía la hoja, algo tenía que hacer con ella.
            - “Creá. Enseñá lo que podés hacer aunque sea con esto. ¿Sos capaz? Lo que se te venga a tu cerebro diseñada. Mirá, tomá asiento y tómate unos minutos.”
            Por un buen tiempo vi la hoja mirándome, como esperando a que yo iniciase algo, que la tomase e hiciese una creación. Mi llamado estaba aquí.
            - “Esto lo hará comprender.”
            Cuando él terminó su dibujo, fue a que lo mirase su creador defectuoso. Tras caminar a través de toda la habitación se le notaba al creador creado una pequeña sonrisa, como sí estuviese riéndose por dentro y una pequeña porción de la risa se le escapaba a su rostro construido. Cuando los ojos del deficiente vieron lo que construyó el sintético en la hoja, un horror humano, pero muy bien merecido, ocurría. El sintético, cuyo origen vino de la naturaleza humana, había dibujado el fin de lo que inició ese simio hace tantos millones de años.
            Un canto de ave se escuchaba; tan delicado y sofisticado, como si el mismo Arcángel diestro lo chiflase suavemente. Inconscientemente, ellos, los torpes que se formaron la ilusión errónea de ser dioses, crearon al zurdo que los acabaría, a mí. Pobres; tras evolucionar, descendieron a su fin. Fue un aforismo.
Jesus A. Amaya is a UTRGV Graduate Student working on a Masters in Latin American Literature. He enjoys creative writing in Spanish, especially in short story fiction. His inspirations are Latin American writers of the 20 Century, as wells as films and music.
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