Cuando nos juntábamos todo los primos en Ricardo, Texas, ya después de la cena, como al oscurecer, ya sabíamos, teníamos que reportarnos enfrente de la casa. Nomás una vez nos hablaban y se paraba mi Abuelo Isidro en la puerta a pasar lista de los que todos estuvieran allí para rezar el rosario.
           Increíble pero cierto nomás una vez nos hablaba mi abuelo que ya era hora del Rosario y de dar gracias a Dios por las bendiciones de ese día. Y nos juntábamos todos como borreguitos a hincarnos en las tablas disparejas del piso, entonces estaba tan silencioso, que podías oír los cantos de los pájaros que andaban buscando su lugar para dormir. Oíamos solamente la voz, de mi abuelo principiar los rezos del Rosario. Había veces que como las tablas del piso nos calaban, nos sentábamos para atrás y se oía la voz de mi abuelo que nos corregía y nos decía,
           “¡Hínquense derechitos, están rezando el Rosario, no están en el cine!”
           Terminábamos con las rodillas marcadas de las tablas donde estábamos hincados. Ya los últimos rezos del Rosario los decíamos más aprisa para terminar y levantarnos de lo que para nosotros era un sacrificio. Esa devoción y ese respeto se quedan con uno toda la vida. Al menos para mí fue una de las experiencias que nos heredó mi abuelo para toda la vida.
           Ahí no había ni quién chistara, porque esas cosas son recuerdos inolvidables, por lo menos para mí los fueron y lo seguirán siendo mientras yo viva. Cuando uno es chico todo esto es un martirio, pero conforme pasa el tiempo, para mí fueron recuerdos de mucho consuelo y también pienso que me da energía, para seguir haciéndole frente a la vida.
           No le hace que sientas que el mundo se te viene encima y te da fuerza para seguir luchando lo que viene adelante, siento que fue, como una preparación, pero de que tengo armas, para enfrentar a lo que la vida me ponga enfrente. A lo mejor otras personas tengan diferentes armas para enfrentar la vida pero las mías así fueron, así son, y así serán.
           Me supongo que diferentes personas tengan diferentes modos de pensar, los míos estos son. Le doy gracias a Dios porque hasta este día de hoy he podido resistir lo que se me a puesto enfrente.
           
                           
Maria Elena Leal Salazar will be 82 years old this month. She is a retired teacher and taught elementary school for over 25 years. Her love of writing, gardening and crafting keeps her busy. She was married 59 years with +Baltazar Salazar and has 5 children: Marta Paniagua, Sandra Jamar, Liz Vera, Baltazar Salazar and Melba Lucio.
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