Cuando recién llegados a Brownsville[h1] , compramos nuestra casa en el West Side de Brownsville. Era un lugar solito en ese tiempo, no estaba poblado. Balti se puso mal no recuerdo de qué pero lo sentí muy triste. Yo y los ninos nos fuimos a dar la vuelta en el carro por las afueras del pueblo, y en el camino yo leí un rotulo que decía: Se Venden Marranitos Recién Nacidos, y a mí se me ocurrió llevarle un marranito a Balti para darle una sorpresa.
              Me costó $5.00 dólares, y me lo pusieron en una caja de zapatos. Puche y las muchachas encantadas con la marranita. La marranita chilló todo el camino. Era colorada, las muchachas le arreglaron una tetera de muñeca que se encontraron por ahí. Lloraba porque tenía hambre. A la marranita le pusimos de nombre “Chona” conforme fue creciendo y mis vecinos me guardaban desperdicios, y cada y cuándo yo iba a la tienda de granos y le compraba un costal de maíz quebrado. Pero me rendía mucho por los desperdicios que me guardaban los vecinos. La marranita feliz como una lumbriz, correteaba libremente por el barrio Riverside a orillas del Rio Grande.
              Cuando había fiesta en el barrio especialmente una piñata, Chona andaba pepenando lo que se encontraba tirado, feliz de la vida. Había veces que cruzaba la calle y cuando venían coches esperaban que cruzara Chona y luego seguían. Hasta que un buen día estabamos lavando ropa afuera y tallando una prenda de ropa en el tallador. Salió Puche de la casa con su manita llena de cacahuates. La Chona lo vio y se fue derecho a la mano de Puche para quitarle los cacahuates y Puche no los soltaba y la marrana no soltaba a Puche. Entonces yo con la ropa que estaba lavando saqué una prenda mojada y empecé a pegarle a Chona hasta que dejó a Puche. Para ese entonces Chona estaba muy grande y gorda.
              Agarré miedo y más respeto para la marrana. Acuérdense que era un animal de más de 200 libras. Hablé con mi esposo, Baltazar y me aconsejó que había que deshacernos de la Chona. Lo platicamos y llegamos a la conclusión de vender a Chona. Muchas de nuestras amistades, veían a Chona como un perro de la casa.  Yo pensé, “vamos a rifar a Chona”.
              Agarré un cuaderno y apunté números del 1 al 100 y rifamos a la Chona y me hice un letrero que decía: Haga usted sus propios chicharrones para la Noche Buena, compre un boleto. Llegando cerca del 24 de diciembre se hizo la rifa de Chona y el premio de Chona fue para el Senor Compadre Noe Ramón del banco First National Bank y como era nuestro compadre porque bautizó a Sandra. Todos decían que fue trampa, fue trampa la rifa. Pero no, fue justa. Y como era cerca del 24 de diciembre, aquella marranita que trajimos en una caja de zapatos, llegó a ser un animal de más de 200 libras y así termino la historia de la marranita Chona.
              Que criándose suelta por los solares de Riverside llegó, a ser chicharrón para toda la vecindad en diciembre. ¿Qué le pareció la historia de la Chona? Esta historia de la Chona, que aunque pa’ usted parezca un sueño, es la historia de verdad.  Sin pensar en el peligro que esta pudo ocasionar, uno inocentemente y con gusto la pudo criar.
Maria Elena Leal Salazar will be 82 years old this month. She is a retired teacher and taught elementary school for over 25 years. Her love of writing, gardening and crafting keeps her busy. She was married 59 years with +Baltazar Salazar and has 5 children: Marta Paniagua, Sandra Jamar, Liz Vera, Baltazar Salazar and Melba Lucio.
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